DESPUÉS DEL 68. ARTE Y PRÁCTICAS ARTÍSTICAS EN EL PAÍS VASCO


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1 DESPUÉS DEL 68. ARTE Y PRÁCTICAS ARTÍSTICAS EN EL PAÍS VASCO Material de consulta Departamento de Educación y Acción Cultural

2 INTRODUCCIÓN La exposición Después del 68. Arte y prácticas artísticas en el País Vasco ha querido revisar el panorama artístico de Euskadi de los últimos cincuenta años y, como punto de partida, ha tomado las colecciones del propio museo, no solo las artísticas, sino también el importante patrimonio bibliográfico y documental reunido por su Biblioteca que sirve para contextualizar el escenario sociopolítico y cultural en el que han trabajado al menos cuatro generaciones de artistas vascos entre 1968 y Pero esta exposición también recoge por medio de préstamos temporales la labor compiladora que, en relación con el arte vasco, han desarrollado a lo largo de este periodo algunas instituciones y colecciones públicas y privadas de dentro y fuera del País Vasco. Espacialmente, Después del 68 se articula en dos ámbitos expositivos distintos del museo la primera planta del edificio moderno y la sala de exposiciones temporales de la planta inferior a través de un discurso cronológico en el que los artistas (casi un centenar) y sus obras (unas ciento cincuenta) conviven con numerosos materiales documentales. Paralelamente, el músico, productor y periodista Xabier Erkizia se ha encargado de comisariar un espacio expositivo propio (Música en el País Vasco ) en el que se presentan materiales originales carátulas de discos, carteles, grabaciones sonoras que ofrecen una visión histórica de las prácticas musicales y sonoras del País Vasco en estas últimas cinco décadas. La exposición arranca en 1968, dos años después de la fundación del grupo Gaur y en el momento en que una generación de creadores vascos nacidos en los años cuarenta va a incorporarse a la escena artística local y a compartirla con los veteranos integrantes de los grupos de la Escuela Vasca, con Jorge Oteiza y Eduardo Chillida como principales referentes. Este recorrido por el arte vasco concluye en 2018 con las más recientes propuestas de una serie de artistas relativamente jóvenes y nacidos, en su mayoría, a comienzos de los años ochenta. A la hora de seleccionar las obras, se ha procurado elegir piezas que se correspondan con el trabajo de Jorge Oteiza. Quousque tandem...!: ensayo de interpretación estética del alma vasca. San Sebastián, Auñamendi, Cubierta: Néstor Basterretxea Arteder 81. Feria de Arte Contemporáneo. Bilbao, Feria Internacional de Muestras de Bilbao, Catálogo Audiolab. IXI - Software. Workshop: interfacing sound. San Sebastián, Arteleku, Tarjetón 2

3 los artistas en el momento de su incorporación a un escenario artístico y/o cronológico concreto. La propuesta ha sido focalizar la atención del público en un momento específico de las carreras de los artistas seleccionados, un momento que, casi siempre, se corresponde con etapas muy tempranas de su trabajo. Después del 68 se propone estudiar las formas de modernización asumidas por la escena artística vasca desde los años sesenta, pero también valorar la trascendencia que algunas de las trayectorias individuales aquí surgidas han tenido en el panorama internacional. Construir un relato del arte vasco desde los años sesenta a la actualidad que fuera accesible al público ha sido una de las principales tareas que se ha querido afrontar con esta exposición. Mari Puri Herrero Manifestación, 1971 Bonifacio Juguetes, 1975 CVA (P), 1982 Dora Salazar Zapato, 1990 Javier Pérez 60 escalones (perpetuum mobile), 1999 Ixone Sádaba Citerón III, de la serie Citerón,

4 AÑOS SETENTA La década de los setenta supone el desarrollo y madurez de los artistas que en 1966 se habían constituido en Escuela Vasca (grupos Gaur, Hemen, Orain). También los más jóvenes que se unieron a ese impulso colectivo consolidaron en esta década un vocabulario personal. Si en el caso de la escultura se fue asentando una retórica de estilo vasco geométrico, de resonancias arcaicas, en el terreno pictórico el relevo generacional resultó más problemático ya que no hay un testigo que pasara de mano en mano, sino más bien un corte radical. Los artistas mayores dejaron de hablar con los jóvenes y la brillante pintura informalista de los años sesenta tuvo escasa continuidad. También se ha señalado la falta de entendimiento entre los artistas de los diferentes territorios como dato clave del fracaso de las iniciativas de colaboración. Todo ello hizo que ese aislamiento tuviera en algunos casos un carácter de auténtica confrontación vanguardista, sobre todo en Bizkaia. Desde comienzo de la década surgieron nuevas formas de pintura narrativa, entre un pop testimonial o simplemente cercano al fenómeno urbano, y escenarios más afines a la psicodelia o las mitologías personales. Gipuzkoa y Pamplona fueron los focos de este nuevo tipo de pintura. Todo esto ocurre en el difícil contexto de un régimen dictatorial que en sus últimos estertores seguía reprimiendo las más elementales libertades ciudadanas: exposiciones clausuradas, detenciones, censura previa... Los artistas vascos, con todas sus diferencias y sus desencuentros, sin embargo, supieron constituir un frente más en la lucha de la cultura contra la dictadura franquista. Al final del régimen, los artistas perdieron en cierta medida su carácter ejemplar, antagonista, y hubieron de adaptarse a un contexto diferente, en el que las prioridades dejaron de ser políticas para convertirse en más llanamente profesionales. Curiosamente, a finales de 1979, la mayoría de artistas vascos no reaccionaron con la misma rapidez ante los nuevos estímulos de libertad de prensa y de opinión, pero fue en estos años decisivos cuando comenzó a germinar una nueva generación Juan José Aquerreta y Pedro Osés Mayo del 68, Carmelo Ortiz de Elgea Figuras con paisaje, 1970 Andrés Nagel La combinación ganadora, 1975 Isabel Baquedano Estación de autobuses,

5 de creadores que hubieron de enfrentarse a los retos de lo global y lo local y especialmente del paso de la modernidad a un debate sobre su legado y las perspectivas que dejaba abierta. En el terreno de la música, el ocaso del régimen de Franco supone un gran paso en el proceso de modernización de la cultura vasca. La música adquiere un gran valor social y se convierte en la expresión-voz de ese cambio. Nace la música euskaldun moderna, primero en versión folk y pop, pero pronto mutó en nuevas formas artísticas como la poesía sonora, el jazz, la experimentación electrónica o el rock. Mikel Laboa y Josean Artze serán dos de las voces de este momento que perdurarán en el tiempo e influenciarán a varias generaciones de músicos y artistas. Vicente Ameztoy Sin título [Poxpolinak (Arias Navarro)], c Benito Lertxundi Benito Lertxundi, 1969 Mikel Laboa Bat-Hiru, 1974 William S. Fischer Akelarre Sorta, 1972 Tomas Aragües Elektronikan, 1975 Alberto Rementería Txatartegi I (Desguace), 1977 Vicente Roscubas Serie plegables n.º1, 1980 Marta Cárdenas Vigas de madera,

6 AÑOS OCHENTA La crisis de lo moderno se produjo en el contexto vasco de manera muy diferente a los países de nuestro entorno. La incidencia de las corrientes internacionales fue especialmente significativa en un país que acababa de incorporarse a la escena mundial después de cuarenta años de aislamiento. El tránsito vertiginoso entre lo moderno y lo contemporáneo se apoyó en la reivindicación de una figura moderna: Jorge Oteiza, no solo un escultor, sino un agitador que llevaba décadas insistiendo en la educación y la recuperación de la cultura autóctona en el marco del arte contemporáneo, y en los años ochenta su figura retornó como ejemplo formal y ético. En esta línea, los artistas integrantes de la denominada Nueva escultura vasca, mediante un lenguaje más cercano al postminimalismo o conceptual, lograron articular un paso adelante y otro atrás: miraban hacia delante con el vocabulario post-moderno y hacia atrás en la revisión del patrimonio local. Por otra parte, adquirieron auge diferentes versiones más o menos próximas al neoexpresionismo que se había asentado en la escena internacional desde finales de los años setenta. Algunos artistas ya asentados se acercaron a ella dando un giro importante a su trabajo, mientras que simultáneamente aparecieron nombres nuevos, que ofrecieron versiones muy diferentes de esta revalorización de la pintura de corte narrativo. El contexto institucional también se transformó: la Facultad de Bellas Artes de Bilbao modificó radicalmente la enseñanza del arte, la relación entre los artistas y su perfil profesional. A comienzos de 1983, un importante grupo de artistas del ámbito bilbaíno refundaron E.A.E. (Euskal Artisten Elkartea) con la vieja aspiración de aunar fuerzas en pro de objetivos comunes y por la defensa del sector, pero, una vez más, su existencia fue efímera. En 1981 surgió Arteder, Feria Internacional de Arte, pero solo consiguió realizar dos ediciones. En ese contexto se crean Gure Artea (1982), premio del Gobierno vasco, Ertibil (1983), de la Diputación Foral de Bizkaia o se renueva Artistas noveles, convocatorias que, bajo diferentes cambios de Ángel Bados Sin título, 1987 María Luisa Fernández Entre el amor y el odio, 1987 Elena Mendizabal Melena,

7 formato y polémicas, tienen continuidad hasta la actualidad. El panorama institucional, sin embargo, seguía siendo pobre: ni salas de exposición (con excepción del Aula de Cultura de la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao en la Calle Elcano), ni centros de arte ni museos renovados que promocionaran las nuevas propuestas. Musicalmente hablando, a partir del periodo de la Transición, la producción musical vasca se expande con rapidez. Por un lado, encontramos una tendencia que trata de recuperar el cancionero tradicional y, por otro, hay músicos que se decantan por una línea mucho más radical. Es en esta década cuando irrumpe el movimiento punk en una nueva escena musical salvaje, contestataria, adecuada a la crudeza de los tiempos y predominantemente urbana. La puerta abierta por el punk, bautizado para la posteridad como Rock Radikal Vasco, inició un proceso de multiplicación de estilos, influencias y discursos que serán audibles incluso una década más tarde. Vulpess Me Gusta Ser Una Zorra, 1983 Itoiz Musikaz blai, 1983 Hertzainak Hertzainak, 1984 Kortatu Azken guda dantza, 1988 Alfonso Gortázar Sin título, 1985 Iñaki de la Fuente Urbano, 1987 Daniel Tamayo Duranguesado (tríptico),

8 AÑOS NOVENTA A principios de los años noventa, la atención empieza a centrarse en una nueva generación de artistas que se situaban entre el debate sobre la escultura vasca y otras propuestas sin referentes inmediatos. Casi todos ellos estaban aglutinados en torno a los cursos, talleres y la propia convivencia diaria en Arteleku, centro de producción y pensamiento radicado en Loioa y promovido por la Diputación Foral de Gipuzkoa, que comenzó a ser decisivo en el contexto del arte a mediados de los años noventa. Arteleku, junto con la Facultad de Bellas Artes, consolidada ya como centro de enseñanza superior, forman el esqueleto de un tejido artístico que en esos años se ha enriquecido ya poderosamente: en 1991 se inaugura la Sala Rekalde en Bilbao y dos años más tarde el Koldo Mitxelena Kulturunea en Donostia, ambas con programaciones que atienden tanto a la escena local como a la nacional e internacional. Más tarde, en 2002, se inauguró Artium en Vitoria-Gasteiz, completando un rico tejido institucional de exhibición. Frente al debate sobre si existe o no un estilo o forma específico de expresión del alma vasca que aun coleaba de décadas anteriores, uno de los aspectos que desde los años noventa mejor define el ámbito de la creación en Euskadi es la pura y simple realidad institucional: las redes institucionales de enseñanza, producción y exposición, generalmente más tupidas y de mejor calidad que las del resto del Estado, fueron las que confirmaron la presencia de lo vasco en el contexto español e internacional. Por otra parte, el número de agentes en el terreno de las artes plásticas se ha ampliado y diversificado, dando lugar al surgimiento de espacios y colectivos alternativos. El Espacio Abisal, una cooperativa independiente de artistas, se inaugura en 1996 y poco después le seguirán otros como Consonni, DAE o agrupaciones nuevas como la Fundación Rodríguez en Vitoria-Gasteiz, que crean un tejido nuevo de producción, exhibición y reflexión en cauces no reglados. El colectivo Erreakzioa/ Reacción, difunde los debates feministas a través de fanzines y otros medios. Aunque con Miren Arenzana If I were you red, 1993 Francisco Ruiz de Infante 1992 (Las puertas falsas), 1992 Ana Laura Aláez Mujeres sobre zapatos de plataforma, 1992 Luis Candaudap Creamy Cheeks (Cadetes),

9 retraso respecto a nuestro entorno cercano, la competición por los múltiples premios y becas impone el paradigma de lo joven, la renovación casi instantánea de los actores. En 1998, cuando el modelo de residencias artísticas se consolida, el Ayuntamiento de Bilbao promueve BilbaoArte. hacia un campo difuso y mezclado. Competentes en múltiples campos, los artistas en este final de siglo producen frecuentemente sus obras como cruce de disciplinas. Pero incluso cuando optan por una cierta estabilidad disciplinar tienden a llenarla de impurezas y referencias dispares. Las viejas figuras del pintor o el escultor, aun con excepciones, van quedando disueltas en el trasvase de diferentes procedimientos creativos que erosionan las prácticas tradicionales y se orientan En lo referente a la música, mientras que el Rock Radikal Vasco comienza a perder fuerza, el rock vasco va mutando hacia sonidos más contundentes (hardcore, metal, post-punk) y también se van adoptando otras formas más ligadas al pop de influencias anglosajonas y francesas, hasta llegar al caso del rap. Las expresiones de corte más tradicional también se transforman, iniciando el boom comercial de la trikitixa y el pop cantado en euskera. Lo cierto es que se produce una multiplicación y diversificación musical jamás escuchada en el seno de la producción musical vasca. Negu Gorriak Negu Gorriak, 1990 Family Un soplo al corazón, 1994 Gozategi Gozategi, 1995 Madelman Palais, 1996 Azucena Vieites Juguemos a prisioneras. A partir de una imagen de Katharina Sieverding, de la serie uguemos a prisioneras de Julie Zando, 1995 Eduardo Sourrouille Collar (Bilma & go), 1997 Gema Intxausti San Jorge y el dragón,

10 AÑOS CERO En febrero de 2002 la Exposición Gaur, Hemen, Orain en el Museo de Bellas Artes de Bilbao fue sintomática de un cierto optimismo en torno al nuevo siglo. La exposición mostró a un escogido grupo de artistas de diferentes generaciones intentando constatar la actualidad de las propuestas artísticas en torno a los problemas del mundo contemporáneo y también la búsqueda de cierta continuidad del arte vasco. Se buscó enlazar los éxitos de los artistas vascos en la década anterior y la fluidez de un diálogo con los más jóvenes: el asentamiento de una generación junto a la transmisión de su experiencia en Arteleku o en la Facultad de Bellas Artes. Pero paulatinamente, conforme avanzaba la década, esas afinidades se fueron diversificando y adoptando formas cada vez más variadas a medida que los artistas iban desarrollando un lenguaje personal. Algunos de ellos adquirieron visibilidad en este comienzo de siglo, atravesando el camino que conduce desde la estatua hasta soluciones en torno a la instalación. Inaugurado en 1997, en su décimo aniversario el Museo Guggenheim de Bilbao organizó dos exposiciones significativas sobre el contexto local: Incógnitas. Cartografías del arte contemporáneo en Euskadi, fue inaugurada en julio de 2007 y planteaba un complejo sistema cartográfico para situar todo tipo de agentes en el entramado del arte vasco, en un proyecto inclusivo de investigación de campo y también de exposición de ejemplos significativos. Muy diferente fue la otra muestra, Chacun à son goût, que focalizó su propuesta en doce artistas de diferentes ámbitos, intentando mostrar la riqueza y la diversidad de los lenguajes empleados por los artistas y su relación con el contexto contemporáneo, los sentimientos de pertenencia y exclusión, así como el diálogo entre la universalidad de lo moderno y el cuestionamiento de sus valores en torno a las nuevas subjetividades. Txuspo Poyo Delay glass, 2007 Asier Mendizabal La ruota dentata (la rueda dentada), 2009 Ibon Aranberri Política hidráulica, Itziar Okariz Mear en espacios públicos o privados,

11 A lo largo de esta década, la intensidad de producción musical continúa y proliferan los conciertos en toda la geografía. Varias capitales se embarcan en la organización de festivales y macrofestivales que priorizan la presencia de artistas internacionales. Se trata de modelos que se enmarcan más dentro del consumo musical, pero de forma paralela, también surgen espacios de pequeño y medio formato como el Kafe Antzokia de Bilbao, que rápidamente conformar una red de auditorios que toman el relevo a los gaztetxes y estructuran la red principal de espacios para la música. En este contexto, también se formalizan nuevos ámbitos para la experimentación musical de prácticas más minoritarias y arriesgadas como el impulsado por Arteleku de San Sebastián. Anari Habiak, 2000 Maddi Oihenart / Josetxo Goia-Aribe Ilhargi-min, 2003 Bomberenea Oztopo guztien gainetik, 2002 Oreka TX Quercus Endorphina, 2001 Ignacio Sáez Autorretrato, 2001 Maider López Ataskoa, convocatoria pública, 18 de septiembre de 2005, Intza, Navarra Sergio Prego Home, 2001 Jon Mikel Euba Gora,

12 AÑOS DIEZ La década se abre con el cese de actividades de ETA. Su desaparición, en buena medida, supone el fin de una cierta excepcionalidad política y de estabilidad social en el País Vasco. La persistencia de una acusada identidad del arte vasco desde el final de la Dictadura o la posterior inserción de los artistas en un espacio políticamente fluido de hibridaciones entre lo local y lo global, todo ello parece ya una discusión que afecta poco a los artistas más jóvenes, que tienden a desenvolverse con naturalidad en un contexto indiferenciado, empleando elementos propios ya no como carga heredada y aspectos de lo ajeno ya no como una aspiración. Un mundo de información instantánea, cambiante y caduca y unos artistas jóvenes que, como mínimo, han realizado una estancia Erasmus en Europa. Por otra parte, numerosos artistas internacionales fueron programados habitualmente, desde comienzos de los noventa en la red de Museos y Centros de arte vascos, pero no hubo una correspondencia equilibrada en la visibilidad de los artistas vascos en el exterior. Pero en los últimos años un número creciente de artistas han ido rompiendo este techo y muestran su obra en Ferias, Bienales y galerías del todo el mundo. A pesar de la presencia de importantes equipamientos culturales en los diferentes territorios históricos, en los últimos años casi todo parece haberse centrado en Bilbao, que ha diversificado sustancialmente su tejido cultural. En 2010 se inaugura el centro cívico Alhóndiga, que poco después pasará a llamarse Azkuna Zentroa, con un espacio dedicado al arte contemporáneo. En Donostia, en 2015 se celebra la apertura de Tabakalera, Centro Internacional de Cultura contemporánea, un gran equipamiento que abarca todo tipo ámbitos de la creación, incluidas actividades y exposiciones en torno a las artes plásticas. A estas alturas de la segunda década, las ideas aglutinadoras de la modernidad y las comunidades que ellas potenciaban no solo han desaparecido, sino que muchos artistas jóvenes ignoran su Erlea Maneros Zabala Grafía Vasca; tipografía y ornamentación, , 2013 June Crespo AD (Extensión horizontal), 2017 Elena Aitzkoa Mar Plutón / Remolino menta, 2017 Manu Uranga Facturas,

13 Inmersa en la vorágine globalizadora, la música de esta década se encuentra huérfana de algún movimiento musical contundente que enganche con un sentir colectivo como sucedió en décadas anteriores. La escena actual bascula entre la comodidad y una cierta influencia estética externa que condiciona cada paso que se da en el ámbito de la producción y exhibición musical. La oferta musical es tan variada que se difumina cualquier atisbo de pensar movimientos, escenas o estilos. Esta aceleración potencia el consumo efímero en red y hace que, aunque en realidad se consuma más música que nunca, esta tiene una menor influencia en la sociedad. La parte positiva es que el aumento exponencial de la presencia femenina, como en el resto de las artes, da un golpe de aire fresco a la escena musical. existencia y se agrupan en comunidades específicas y cambiantes, de afectos e intereses puntuales. Los artistas más jóvenes indagan en la propia subjetividad y en la figura del artista y la función del arte en un mundo de cambios acelerados, recogiendo aspectos indiscriminados de la cultura popular junto a referencias rescatadas de la tradición moderna. Ainara LeGardon We Once Wished, 2011 Azpisugeak Kaskezur, 2017 Elena Setién Dreaming of Earthly Things, 2017 La Basu Aire es vida, 2016 El_Txef_A We Walked Home Together, 2014 Belako Hamen, 2016 Lorea Alfaro A usted que no nos conoce y es ya nuestra amiga, 2016 Xabier Salaberria Sin título, de la serie Inconsciente/Consciente, 2011 David Martínez Suárez Reposo,

14 Material de consulta extraído del catálogo para la exposición Después del 68. Arte y prácticas artísticas en el País Vasco celebrada del 7 de noviembre de 2018 al 28 de abril de 2019 en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN Y ACCIÓN CULTURAL Museo Plaza, BILBAO Tel Fax